“Morelia, bajo los arcos rosados del antiguo acueducto”, pero que “desdeñosa, entregada, centellea”

Rafael Calderón, colaborador La Voz de Michoacán

Quiero iniciar comentado que he leído de la poesía de Octavio Paz los poemas que a las ciudades mexicanas dedicó, y en estas coordenadas surgen las interrogantes si el poema “Hermosura que vuelve” de Semillas para un himno, en realidad, es un poema de homenaje a la ciudad de Morelia.

Algunos poemas con el tema de la ciudad de la autoría de Paz son memorables y definitorios para profundizar en su biografía literaria. Aunque en el caso de Morelia en realidad no se sabe cuántas veces visitó la ciudad, ni la cantidad de poemas que dedicó a las ciudades por donde pasó o estuvo viviendo, y célebre es por lo mismo, un poema como “Nocturno de San Ildefonso”.

Para el caso de Morelia, se conocen de su autoría apenas unos versos en el poema “Hermosura que vuelve” y resulta muy interesante y suficiente esos versos para recordar que hace medio siglo estuvo de visita en la ciudad y el encuentro con sus lectores fue en el Museo Regional Michoacano, y en la mesa de esa lectura, lo acompañaron, entre otros, Ramón Martínez Ocaranza, a quien Emmanuel Carballo le había publicado un título central como es Elegía de los triángulos.

Los testigos presenciales, hasta los autores intelectuales que se confabularon para que sucediera la visita, fueron los escritores Gaspar Aguilera Díaz, Fernando Ramírez Aguilar, Gustavo Chávez, José Mendoza Lara, etc., pero los detalles no los conocemos, ni en sus textos nos los han participado. Sin duda es un tema que hay que explorar y profundizar.

Por lo pronto, aclaro que en el caso de Aguilera Díaz y Fernando Ramírez, hace años murieron; no se conoce texto alguno, ni escribieron la crónica de la visita de Paz. Y he reiterado en más de una ocasión con José Mendoza Lara del tema, así como recuperar noticias precisas del evento realizado, y que, como testigo, él es un excelente puente de interpretación a la distancia.

Así, por su condición de historiadora y testigo presencial de la cultura y las artes en la ciudad, Laura Solís puede aportar su crónica y detalles de la visita de Paz.

Con motivo del aniversario sesenta del nacimiento de Gaspar, amigo entrañable y cómplice en la vida y la poesía, ambos se animaron a través de una edición especial de poemas de Aguilera Díaz editado por Jitanjáfora; entregaron para su difusión una fotografía que daba testimonio cabal de la presencia de Paz en la ciudad.

Esa fotografía se difundió en octubre de 2007. Desde entonces ha circulado con profusión magnífica. Es parte de un testimonio visual de la presencia del poeta en la ciudad. En la fotografía, para quienes no la conocen, están posando Marie José Paz, Gaspar Aguilera Díaz, Magali Cuéllar, Laura Solís, José Mendoza Lara y Octavio Paz. La foto fue tomada por Gustavo Chávez.

Así que, siguiendo la huella de Paz. Primero, recuerdo que se publicaron en una edición póstuma las cartas que envió Octavio Paz al poeta español Pere Gimferrer bajo el título Memorias y palabras, en España, en 1999. En una de esas cartas, Paz le habla de Morelia. Le dice que si viene de vacaciones lo llevará de paseo a la ciudad y sus alrededores y hay que entender que esa visita sería por los mismos días que vino a leer sus poemas en el Museo Regional Michoacano.

Después, en otra carta, lamenta que Gimferrer haya cancelado su visita de vacaciones a nuestro país. Le dice que la ciudad le hubiera gustado conocerla y le hubiera resultado encantadora porque “Morelia es preciosa y el paisaje de Michoacán es sorprendente: recuerda a la pintura china, solo que, en lugar de pabellones junto a lagos y peñascos, hay conventos del siglo XVI”.

Aquí viene lo interesante del poema de Paz. Ya que yo he leído con esa suerte de encanto y seducción Libertad bajo palabra y al llegar a los versos del poema “Hermosura que vuelve”, me resultaron reveladores esos versos y en particular: “O en Morelia, bajo los arcos rosados del antiguo acueducto”.

El poema fue una seducción infinita, una descripción que prolongaba su presencia en un apartado tan sugerente y particular como es Semillas para un himno que como libro había publicado en 1954 y que, después, al reunir en Libertad bajo palabra de 1960, mantiene su presencia. El poema está allí dispuesto para su lectura. Es hasta la fecha una huella ineludible de esa permeabilidad de la poética de Paz que escribió entre 1935 y 1960 y es parte del testimonio de su versión particular de la ciudad.

Diré que Libertad bajo palabra de 1960 es un título muy singular; ante la unidad de su búsqueda, resulta ser la primera verdadera reunión poética de Paz y todas las anteriores fueron tentativas que arrojan luz que en 1960 termina por confirmarse su búsqueda y la consolida. Pero aquella primera estructura o reunión de poemas no es la misma de la que hoy día conocemos de su Obra poética (en su primera edición de 1997 y la revisión final de 1999); hay cambios y las distintas ediciones son parte de una evolución.

Así, primero, señalar que, en la edición de 1960, Libertad bajo palabra tenía cinco secciones y de estas la segunda lleva por nombre: “Condición de nube” y en su interior esta tiene varios apartados: Asueto,  Condición de nubeEl girasol y Semillas para un himno. Este último es el título individual del conjunto de poemas que Paz publicó en 1954 y donde ha figurado el poema “Hermosura que vuelve” para asegurar que su lectura es giratoria y en movimiento.

Para la edición de Libertad bajo palabra de 1968, que Paz aligera, modifica y reescribe, suprime poemas y la vuelve otra versión y la que toma forma para mantener su estructura en sucesivas revisiones, y señalar que el poema en sí es inamovible, salvo por la supresión o cambio de unas cuantas comas. Así, la segunda edición de Libertad bajo palabra (1968), tiene igualmente 5 secciones: I. Bajo tu clara sombra; II. Calamidades y milagros; III. Semillas para un himno; IV. ¿Águila o sol? y V. La estación violenta.

El poema “Hermosura que vuelve”, como tema central de la lectura y contemplación, aporta la secuencia comparada para evidenciar esta movilidad en las diferentes ediciones de Libertad bajo palabra, hasta su versión final, como respuesta y reconocerlo íntegro hasta disfrutar la versión definitiva y asegurar que es uno de los pocos poemas que no reescribió ni modificó con profundidad. Ya que, por un lado, hay que recordar que Paz revisaba sus poemas, los rescribía y alcanzaban una movilidad muy particular.

El poema en cuestión tiene tres estrofas y, cada una, es de 5, 7 y 6 versos. Así, la lectura verso a verso es que se mantiene con variantes mínimas que corresponden a unas cuantas comas de la primera estrofa que desaparecen para ganar rigor en su expresión poética. Todo permanece a lo largo de las diferentes ediciones de Libertad bajo palabra casi igual. Lo interesante es decir que mantiene su escritura con sus palabras, con su fuerza verbal y con el canto que deslumbra al nombrar directa y de forma indirecta la ciudad.

Veamos finalmente el poema: primero, precisar variantes; se leía hasta antes de 1960: “O al volver una esquina, en la hora indecisa y blasfema…”, y a partir de 1968 y la versión que se lee en la Obra poética, la definitiva, queda así: “O al volver una esquina en la hora indecisa y blasfema”.

Pero hay realizar una síntesis del contenido del poema y su efecto y celebrar como resultado un resumen que a continuación expongo: el poema es más una meditación que incluye la belleza que por momentos aparece la ciudad a la vista del poeta; tal vez estaba en la ciudad que le era desconocida, la vuelve en su naturaleza elusiva e intemporal y “engastada en la noche”.

Su cuerpo es una meditación que incluye momentos y lugares sin perder de vista la plenitud cotidiana de su presencia y ese antiguo acueducto lo determina. A los versos que son a un tiempo precisos o fragmentos de una interpretación, rebasan por momentos el encanto de la seducción: “En un rincón del salón crepuscular”, para volver hacia la esquina, sentir la fuerza de la ciudad en ese ejercicio de crepúsculos: “O en Morelia, bajo los arcos rosados del antiguo acueducto”, ya con el nombre pleno de la ciudad aludida, vivida o sentida, la describen a su manera y con sus palabras.

Es sí, el poema, al nombrar la ciudad una belleza que trasciende por su arquitectura; la unifica por esa verdad. La vuelve parte de una fábula, con su apariencia y su realidad, que es una ciudad colonial. Aún más fuerte: la ciudad tiene esa arma blanca, pero “a medias desenvainada”.

Consciente también de esa belleza y su naturaleza como elemento para la sonoridad de su poética: la escritura de Paz es fuerte, desafía percepciones que nos iluminan a un mismo instante y se desaparecen, tienen fuerza y es parte de su presencia.

Existe ese modo distinto que nombra por medio de la ciudad el amor y la belleza como el sentido de la muerte. La esencia es que si la ciudad está de pie, y si habla de un crepúsculo de recuerdos, “fulge, engastada la noche”. Pero no es nada más esto, hay otros elementos: estrellas, gotas de rocío, el firmamento, etc.

Incluso, más adelante, habría que ir al encuentro de la primera publicación del poema si es que salió en alguna revista o periódico de la época, ya que es parte de los primeros poemas, que por su etapa y fechas corresponde al periodo de mediados de los cuarenta o los primeros años de 1950-1954.

Es, sí, un poema, que encierra la invitación a conocer cómo vio el poeta la ciudad en general y de forma particular a “Morelia, bajo los arcos rosados del antiguo acueducto”, pero que “desdeñosa, entregada, centellea”. He aquí el poema, con sus tres estrofas y sus 18 versos y destacar de la primera estrofa la presencia erguida de Morelia y su Acueducto:

Hermosura que vuelve

En un rincón del salón crepuscular

O al volver una esquina en la hora indecisa y blasfema,

O una mañana parecida a un navío atado al horizonte,

O en Morelia, bajo los arcos rosados del antiguo acueducto,

Ni desdeñosa ni entregada, centelleas.

El telón de este mundo se abre en dos.

Cesa la vieja oposición entre verdad y fábula.

Apariencia y realidad celebran al fin sus bodas.

Sobre las cenizas de las mentirosas evidencias

Se levanta una columna de seda y electricidad.

Un pausado chorro de belleza

Tú sonríes, arma blanca a medias desenvainada.

Niegas al sueño en pleno sueño.

Desmientes al tacto y a los ojos en pleno día.

Tú existes de otro modo que nosotros.

No eres la vida, pero tampoco la muerte.

Tú nada más estás.

Nada más fulges, engastada en la noche.

Rafael Calderón (Morelia, Mich, 1976). Ha publicado poesía y ensayo. Es autor en ensayo de Pablo Neruda en Morelia (2024) y en poesía Recuento de Estos días (2024) y tiene en proceso de edición El turno y la presencia. 200 años de poesía en Michoacán 1825-2025, por Centzontli Pájaro de cuatrocientas voces.