TRANSFORMANDO
“Quizá los diez millones de afiliados existen.
El problema es que el día de la elección nadie los encontró.”
La elección de Coahuila dejó muchas lecturas, pero una pregunta sobresale por encima de todas y se vuelve cada vez más incómoda para Morena.
¿Dónde están los más de diez millones de afiliados que durante meses fueron presentados como el gran logro de la Secretaría de Organización?
Porque si la afiliación histórica que presumió Andy López Beltrán era real en términos políticos, si efectivamente representaba una estructura territorial capaz de movilizar ciudadanos, defender casillas y convertir simpatías en votos, una elección como la de Coahuila tendría que haber reflejado al menos una parte de esa fuerza.
No ocurrió, por el contrario, el resultado terminó convirtiéndose en la tercera derrota electoral vinculada a la gestión de Andy al frente de la Secretaría de Organización, primero fue Durango, después Veracruz y ahora Coahuila, tres procesos distintos, tres escenarios diferentes y un resultado que obliga a revisar si la fortaleza que se presumía en los discursos realmente existía fuera de las conferencias de prensa.
La pregunta se vuelve inevitable porque la cronología tampoco ayuda, apenas dos semanas antes de la elección, Andy López Beltrán abandonó la Secretaría de Organización y casi de inmediato comenzó a construirse la narrativa de una eventual candidatura a diputado federal, aun cuando ni siquiera existe una convocatoria formal para ese proceso, la salida fue tan acelerada que resulta legítimo preguntarse si realmente estaba buscando una nueva responsabilidad o si simplemente estaba tomando distancia de una derrota que ya veía venir.
En política las casualidades existen, pero las coincidencias suelen generar sospechas.
Cuando quien dirige la estrategia abandona el puesto justo antes de conocerse el resultado, es inevitable preguntarse si se trató de una decisión política o de una maniobra preventiva, más aún cuando el principal argumento para justificar su gestión era más de diez millones de afiliados, una cifra que, en teoría, tendría que representar una capacidad de movilización pocas veces vista en la historia reciente del país.
Y ahí aparece una segunda interrogante, ¿También fue protegida Luisa María Alcalde?
Mientras la atención pública se concentró en la salida de Andy, la presidenta nacional de Morena quedó relativamente al margen de los costos políticos que dejó la elección, el movimiento fue perfecto, uno salió antes de la tormenta y la otra quedó con suficiente margen para argumentar que los resultados correspondían a una estructura heredada.
Tal vez sea una coincidencia, tal vez no.
Lo cierto es que cuando llegaron los resultados, quienes habían encabezado la narrativa de la afiliación masiva ya no estaban exactamente donde debían estar para explicar por qué esos millones de registros no se tradujeron en una demostración contundente de fuerza electoral.
La elección también representa la primera derrota relevante para Ariadna Montiel, aunque sería injusto atribuirle completamente un resultado construido durante meses por una estructura que operaba mucho antes de su llegada, sin embargo, tampoco puede ignorarse que la principal carta de presentación del partido era precisamente su capacidad territorial y de movilización, una capacidad que simplemente no apareció cuando más se necesitaba.
Pero Coahuila también dejó heridos fuera de Morena, Movimiento Ciudadano, el PAN y el Partido Verde ofrecieron resultados tan pobres que incluso enfrentan cuestionamientos sobre su verdadera capacidad de competencia local, lo sorprendente no fue la derrota, sino la rapidez con la que sus dirigentes intentaron minimizarla, como si perder respaldo ciudadano fuera un detalle menor.
La política mexicana tiene una peculiar habilidad para maquillar los fracasos, cuando se gana, se presume el liderazgo; cuando se pierde, se construyen explicaciones, eso fue exactamente lo que ocurrió en Coahuila.
Porque después de meses escuchando sobre organización, territorio y afiliación histórica, la pregunta sigue sin respuesta.
¿Dónde están los más de diez millones de afiliados?
Porque si existen en la magnitud que se presume, deberían aparecer en las urnas, y si no aparecen en las urnas, quizá sea momento de revisar si realmente existen en la política.
POSDATA:
“… Mientras Morena intenta explicar Coahuila, vale la pena recordar que 2026 era la única prueba electoral importante antes de la gigantesca disputa de 2027. Perder una elección siempre preocupa, perder el ensayo general debería preocupar mucho más…”
Es tiempo de los ciudadanos… ¡¡¡¡que no salimos huyendo!!!!
El autor es empresario, analista y expresidente de la CANACINTRA en Michoacán.