Ubicada entre el Centro Histórico y la colonia Industrial, la calle García Pueblita conserva su empedrado original y cuatro siglos de historia urbana.
En el límite entre el Centro Histórico de Morelia y la colonia Industrial, una desviación discreta desde la avenida Héroes de Nocupétaro conduce a la calle Manuel García Pueblita, un tramo breve que conserva el empedrado tradicional en medio de un entorno dominado por concreto y asfalto. La vialidad no supera unos cientos de metros y desemboca en Morelos Norte, pero en ese recorrido concentra elementos que permiten identificar distintas capas del desarrollo urbano y social de la ciudad.
El acceso se ubica entre infraestructura reciente: carriles con ciclovía, oficinas públicas y espacios culturales como la Casa de la Cultura de Morelia, instalada en un inmueble histórico asociado a la traza virreinal. En dirección opuesta, hacia la zona que marca la expansión urbana, se localiza La Harinera, complejo industrial levantado en las primeras décadas del siglo pasado como parte del proceso de modernización económica de la capital michoacana. Entre ambos puntos, la calle García Pueblita queda situada como un tramo de transición entre dos referencias urbanas de distinta época.
Para cualquiera que transite por esta tradicional vialidad el cambio de superficie es inmediato. El pavimento uniforme se interrumpe y aparece el empedrado de piedra redondeada, dispuesto sin alineación regular. Los pies también lo resienten al caminar. Además, este tipo de acabado modifica la circulación: los vehículos reducen la velocidad de forma obligada y el tránsito peatonal se adapta a la irregularidad del terreno. La calle no es amplia; el espacio se distribuye entre fachadas continuas y accesos directos a viviendas y algunos talleres.
Así, mientras el tiempo parece atrapado entre su empedrado, la actividad cotidiana no se detiene. Un taller de herrería permanece abierto durante el día; en el interior se observan herramientas, estructuras metálicas en proceso y personas trabajando. En las casas contiguas hay puertas entreabiertas, ventanas con cortinas movidas por el viento y sonidos que provienen del interior: radios encendidos, conversaciones, utensilios en uso. El paso de los vehículos y los camiones de carga provoca vibraciones perceptibles en el piso, que se transmiten hacia los muros cercanos.
En las fachadas se identifican grafitis, manchas de humedad y restos de pintura desgastada. Sobre la superficie del camino aparecen residuos como botellas o envolturas, la nunca faltante basura que no respeta ni la vialidad más antigua de la zona. Aun con esos elementos, la circulación no se interrumpe. La calle funciona como vía local, con tránsito constante de vecinos y vehículos de baja velocidad, aunque no todos se animan a caminarla debido al impacto que su “fisonomía empedrada” hace resentir en las rodillas.
Y vaya que la rúa se mantiene intacta pese a siglos de uso. La permanencia del empedrado responde a técnicas constructivas previas a la introducción del asfalto. Las piedras redondeadas permitían la filtración del agua de lluvia y reducían la formación de encharcamientos. Este sistema fue común en ciudades novohispanas y se mantuvo durante buena parte del siglo XIX. En el caso de García Pueblita, la conservación se limita a un tramo reducido que no ha sido sustituida por materiales modernos, y que cuenta con el respaldo de vecinos para conservar su diseño original.
A unos metros del acceso principal, una desviación lateral conduce a unas escaleras de piedra con trazo irregular. Estas escalinatas conectan con la privada de Tacubaya 2, un callejón que se ubica detrás del conjunto cultural. Desde ese punto se observa parte de la calle desde una ligera elevación. Un bolardo de cantera delimita el paso y, a un costado, una jacaranda se eleva por encima de las construcciones cercanas.
El entorno inmediato muestra una superposición de materiales y criterios de intervención urbana. En un radio cercano se identifican calles con asfalto, concreto texturizado, adoquín y cantera. Las obras recientes en el Centro han incorporado nuevos diseños y acabados, visibles en vialidades remodeladas en años recientes. En paralelo, en esta vialidad persisten tramos con materiales tradicionales que no han sido modificados.
La transición entre estos modelos arquitectónico ocurre en unos pocos metros. Desde la avenida Héroes de Nocupétaro, con flujo vehicular continuo, se accede a una calle donde la superficie condiciona la velocidad y el tipo de tránsito. En otras zonas de la ciudad se han instalado dispositivos para regular la circulación, mientras que en este punto el propio empedrado cumple esa función sin necesidad de infraestructura adicional.
Nombre, desde 1929 El registro histórico de la calle ubica su existencia desde finales del siglo XVIII. Antes del siglo XIX se le conocía como Callejón del Sauz; en 1840 aparece como calle del Indio Triste; en 1868 adopta el nombre de Quinta de Allende; y en 1929 queda establecida finalmente como García Pueblita en honor al militar patzcuarense. Los cambios de denominación forman parte de procesos administrativos y de reorganización del espacio urbano que acompañaron distintas etapas políticas.
El contexto urbano en el que se ubica la calle nos deja ver fácilmente dos momentos distintos en la configuración de Morelia. Hacia el lado de la Casa de la Cultura se conserva un conjunto arquitectónico vinculado al periodo virreinal, con edificaciones de cantera y patios interiores. Hacia el otro extremo, en dirección a La Harinera, se nota la expansión industrial de principios del siglo XX, cuando la ciudad pretendía ser polo de desarrollo e incorporó infraestructura productiva y nuevas formas de organización del espacio.
Pese a todo, la calle García Pueblita conserva íntegra su función como vía de circulación local. El tránsito de personas, la actividad en talleres y viviendas, y la conexión directa con vialidades de mayor flujo mantienen su uso cotidiano dentro de la dinámica urbana de Morelia, dibujando una frontera porosa, pero visible, de lo colonial y con lo moderno.
En honor a un general de brigada
El nombre de la calle remite a Manuel García Pueblita, figura del siglo XIX vinculada a procesos militares en México. Su incorporación a la nomenclatura urbana se formalizó en 1929, en un periodo en el que diversas ciudades del país adoptaron nombres de personajes históricos para designar calles y avenidas.
Manuel García Pueblita fue un militar mexicano que desarrolló su carrera en un contexto de conflictos armados posteriores a la Independencia. Participó en operaciones militares en distintas regiones del país, en un periodo caracterizado por la inestabilidad política y la reorganización de las instituciones nacionales. Su nombre aparece en registros relacionados con unidades que enfrentaron campañas en escenarios de confrontación interna.
Durante su trayectoria, García Pueblita formó parte de estructuras castrenses que intervinieron en conflictos asociados a la defensa del territorio. También se le vincula con acciones militares en el marco de la intervención francesa en México, cuando distintas fuerzas se movilizaron en defensa del gobierno republicano. Su participación se inscribe en una etapa en la que el ejército tuvo un papel central en la definición del orden político.
La asignación de su nombre a esta calle en Morelia responde a prácticas de conmemoración adoptadas en el siglo XX. La denominación quedó establecida en 1929 y desde entonces se mantiene en los registros oficiales.
Arved Alcántara / La Voz de Michoacán
Fotos, Samuel Herrera Jr.