Morelia, Michoacán

Lejanas parecen ahora las fiestas navideñas, desplazadas por el calor que se empieza a experimentar, pero en hogares católicos la temporada aún no ha culminado, aún se requiere celebrar el Día de la Candelaria este 2 de febrero y una de sus más vistosas tradiciones, la presentación del Niño Jesús.

En la víspera del Día de la Candelaria, el mercado Independencia alberga puestos y locales con figurillas del pequeño Mesías, diminutos zapatos y ropones, trajes alusivos a santos, minúsculas batas y uniformes quirúrgicos, sin dejar de lado su estetoscopio.

Por 11 años, Selene Arreola, locataria del mercado Independencia, se ha dedicado a ofrecer desde las prendas para vestir adecuadamente al Niño Jesús hasta figuras ya arregladas, con distintos tamaños y temas.

“Empecé a ofrecer la ropa del Niño Jesús cuando tuve a mis hijos, desde entonces año con año estamos aquí”, relató.

Los pedidos más comunes para los Niños Jesús que presiden hogares católicos en Morelia son los ropones, semejantes al atuendo propio del bautizo y las representaciones de santos, como San Judas Tadeo, pero también hay ropas de médico, cirujano o que simbolizan el pedido de la familia que resguarda al Niño Jesús, como la esperanza, la fe o el trabajo.

Si bien la proximidad de la realización de la Copa de Fútbol del Mundo lleva a pensar que algunos se animarían a vestir a sus figurillas como futbolistas o con motivos pamboleros, Selene Arreola no ha tenido esa clase de pedidos.

“Los más inusuales que luego me piden son Jesús Malverde, pero esos yo no los hago”, explicó

Entre 220 y 450 pesos es, en promedio, el coste de la vestimenta de un Niño Jesús, según su talla y la suntuosidsd de sus prendas. A pesar de ser una de las tradiciones más añejas del catolicismo mexicano, su práctica va a la baja.

“El año pasado me fue mejor, cada año menos gente viste a su Niño Jesús”, detalló.

En tanto que Selene Arreola vestía a un Niño Jesús en ropajes bautismales, Rosa María Bermúdez observaba atenta, acompañada por su hija y su pequeño nieto, quien dedicó algunos de sus primeros logros en el habla a aprobar el trabajo sobre la figurilla.

“Está figura me la obsequió mi hermana, es la primera vez que la vamos a arreglar, pero tengo otra y esa cada año la vestimos. Tenemos con esta tradición al menos 15 años”, señaló.

Y para asegurarse que la tradición seguirá en su familia, Rosa María Bermúdez instruye a sus hijos y nietos en sus detalles y libramientos, incluso haciéndose acompañar por ellos para que aprendan de primera mano el ceremonial.

“Es una tradición muy bonita, pero también es una forma de celebrar nuestra fe en Dios, por eso es importante que se conserve”, concluyó.