Este fin de semana, el volcán Kīlauea, en la llamada “Isla Grande” de Hawái, volvió a manifestar una de las erupciones más espectaculares de los últimos meses: columnas de lava elevaron hasta 370 metros dentro de su cráter, dejando un paisaje dantesco e imágenes que rápidamente se difundieron en medios y redes.
El brote volcánico comenzó en la mañana del sábado 6 de diciembre, cuando múltiples bocas dentro del cráter Halemaʻumaʻu en el corazón del Parque Nacional de los Volcanes de Hawái, comenzaron a expulsar lava simultáneamente.
Según informes del U.S. Geological Survey (USGS), esta erupción forma parte del ciclo iniciado en diciembre de 2024; la actual fase sumó su episodio número 38.
El fenómeno incluyó no sólo lava: se observó una intensa expulsión de gases volcánicos, y algunas cámaras de monitoreo resultaron destruidas por la proximidad de la lava.
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Afortunadamente, todo el flujo se mantuvo confinado al cráter, sin amenaza directa sobre poblaciones ni infraestructura cercana. Autoridades locales confirmaron que no hay viviendas en peligro, y descartaron impactos a aeropuertos o zonas urbanas. 
Lo que distingue este episodio de erupción es la simultaneidad de tres respiraderos activos y la magnitud de las fuentes de lava —un evento calificado por vulcanólogos como “extremadamente raro” dentro de la presente fase eruptiva. 
Tras la erupción, las autoridades del Parque Nacional y del USGS mantienen un nivel de alerta, aunque moderado, y monitorean la actividad para detectar posibles cambios. Por el momento se recomienda a visitantes y curiosos mantenerse fuera de zonas restringidas, atendiendo las indicaciones oficiales.
Fuente: Nación321