No compres nada aún; aquí te diremos qué tener en consideración al escoger un colchón para que el gasto valga la pena.

Las personas que están listas para mudarse o simplemente para reemplazar el colchón que han utilizado durante años son conscientes de que no pueden comprar cualquier modelo solo porque las reseñas son buenas o porque los cinco minutos de prueba fueron satisfactorios.

Existe una serie de factores a considerar para que no te arrepientas de la inversión, y en los próximos párrafos, te los compartiremos.

1. ¿Con quién duermes?

El nombre del tamaño Matrimonial es, quizá, una de las mayores ilusiones ópticas del diseño de interiores, pues si bien la etiqueta sugiere que está hecho para dos, la matemática arroja resultados distintos: sus 135 centímetros de ancho dejan apenas 67.5 cm de holgura por persona. Es decir, menos de lo que mide la cuna estándar para un bebé (70 cm).

Si vas a vivir solo por primera vez, esta opción es excelente para estirarte a gusto, pero, si planeas compartir la cama, mejor piénsalo dos veces. Investiga distintas opciones y compara los tamaños de colchones, teniendo en cuenta siempre quiénes lo ocuparán:

  • Solo tú: El Matrimonial te dará bastante rango de movimiento; también es perfecto para un cuarto de proporciones medianas.
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  • Parejas: El Queen Size (1.50 m de ancho) les va a regalar unos centímetros extra, de manera que cada quien tenga espacio suficiente. Muy recomendable para habitaciones en departamentos actuales. 
  • Familias, bebés y mascotas: En caso de que tu perro de 20 kilos duerma a tus pies o quieras practicar el “colecho” con tu hijo pequeño, un King Size será la solución.

2. Tu estatura y complexión

¿Sabías que casi todas las camas en nuestro país miden exactamente 1.90 metros de largo? En diseño de mobiliario, hay una regla que dicta que la superficie debe superar a un individuo por al menos 10 a 15 centímetros; sin embargo, el estándar nacional representa un problema para los mexicanos de estatura alta.

Quienes, por ejemplo, miden 1.75, corren el riesgo de que sus talones queden colgando, más aún si a eso se le suma el volumen que ocupa la almohada. Por su parte, aquellos con hombros anchos pueden llegar a sentirse acorralados cuando quieran cambiar de postura en la noche.

No pases por alto este detalle.

3. La recámara

Los expertos que hablan sobre señalan lo imprescindible que es checar las dimensiones del cuarto y dejar una franja libre de 70 a 90 centímetros en los tres flancos expuestos del mueble, pues dicho margen facilita caminar a oscuras, tender las sábanas y aspirar el piso sin hacer malabares.

En específico, se sugiere que para el formato Queen (1.50 x 1.90 m) haya un entorno mínimo de 3.20 por 3.40 metros; para el King (2.00 x 1.90 m), se requiere un área de, por lo menos, 3.70 por 3.70 metros; una medida menor dificultará el paso.

Los muebles que hay alrededor

De nada sirve que hayas reservado unos centímetros al clóset si cuando quieres abrirlo, el colchón te estorba. Piensa en tu rutina de todos los días y en los hábitos que tienes, porque el hecho de que la cama sea uno de los protagonistas del dormitorio no significa que esté bien que bloquee el acceso o te obligue a saltar de lado para llegar al escritorio. Es poco práctico.

La habitabilidad depende de las vías de circulación; por lo tanto, tu responsabilidad es no olvidarte, en primer lugar, de la puerta: las entradas convencionales requieren un radio de giro cercano a los 90 centímetros hacia adentro de la habitación. Si el vértice del colchón invade ese arco, la madera chocará a diario contra la base y arruinará el material.

En segundo lugar, están las cajoneras y muebles similares en los que guardas ropa, zapatos, etcétera; verifica que te sea posible sacar u ordenar lo que necesitas, pero actúa como lo haces siempre porque la adquisición de una cama no es motivo para que cambies por completo la manera en la que vives y te mueves en tu propio hogar.

Tip: Antes de realizar la compra, pega cinta masking tape en el suelo delineando la silueta exacta del modelo que te gusta; luego haz la simulación de una mañana o noche cualquiera. Si pisas la cinta al hacer estas tareas cotidianas, significa que debes buscar un formato más compacto.

4. Tu momento de vida

Tal y como dijimos al inicio de la nota, hay miles de situaciones que obligan a alguien a adquirir la superficie en la que descansa. Reflexiona sobre la tuya y pregúntate qué es lo que buscas para tus noches de los próximos cinco años, mínimo.

¿Vas a independizarte? ¿Quieres menos muebles a tu alrededor? No elijas un colchón gigante; ve modelos con proporciones que te faciliten la instalación de un escritorio o un sofá pequeño.

¿Tu pareja y tú esperan un bebé? ¿Planean adoptar un perro o gato? En esos casos sí que conviene algo amplio que garantice la seguridad de todos los que se recuesten. 2 metros de ancho serán suficientes para prevenir caídas accidentales.

5. La ruta de entrega

Listo lo anterior, lo que queda es que evalúes qué tan viable es el traslado de la cama desde el exterior hasta la recámara; se trata de un factor que casi ningún comprador considera hasta el instante en el que ya toca recibir el pedido y el mismo se atora en las escaleras del edificio, o de plano, ni cabe dentro del elevador.

Hay torres residenciales que poseen corredores angostos y esquinas con ángulos muy cerrados en los que maniobrar el colchón es una misión titánica. ¿Qué hacer? Otra simulación: recorre el camino imaginario desde la banqueta de afuera hasta el umbral del cuarto, midiendo la altura de los techos y el ancho de cada zaguán.

¿Tomaste nota? Tener claridad sobre las cuestiones que te hemos planteado aquí te ayudará a seleccionar una alternativa que mejore tu descanso y se adapte al espacio con el que dispones.