Aprender a ver de nueva cuenta el fulgor de las cosas. Reajustar la mirada. A veces madrugar, a veces esperar hasta que la luz diga basta
Chilango de hueso colorado, vivió hasta los 45 años en la ciudad capital más antigua de América. Utiliza el nombre de una bestia para dimensionar el hecho de lo que fue vivir allí: “es como un dragón, el fuego que escupe ese animal te pone en tu lugar”. Confiesa que vivir en la Ciudad de México fue una enorme escuela en todos los sentidos.
Orgullosamente pumas desde la preparatoria, estudió arquitectura en la UNAM y se curtió elaborando procesos constructivos. Tiempo después, cambió los planos por el lente, otra forma de bastión contra el paso del tiempo. La mirada del fotógrafo está hecha de otra madera. El artista de la cámara cuenta la vida a través de la imagen y se detiene en lo que la mayoría pasaríamos por alto. Aprender a ver de nueva cuenta el fulgor de las cosas. Reajustar la mirada. A veces madrugar, a veces esperar hasta que la luz diga basta. ¿Y si fuera el destello luz quien captura la impermanencia del fotógrafo, y no a la inversa?
¿Qué querías ser de niño?
Me llamaba mucho la atención ser alpinista y quería subir montañas. Me encantaba la idea de estar en lo más alto y ver la nieve. Costaba mucho trabajo que nevara, que cayeran por fin unos copos de nieve, entonces nos llevaban cuando sucedía a la carretera de Toluca… Se acababa tan pronto y en la siguiente media hora ya estábamos enlodados. La nieve siempre fue para mí muy llamativa y me preguntaba cómo hacer para poder estar tocando la nieve todo el tiempo. Una de las cosas que siempre quise ser fue alpinista y subir a lo más alto.
¿Qué quieres ser ahora?
Lo que quiero hoy es (¿cómo decirlo y que no suene sangrón?) no tener problemas, quiero estar tranquilo. Trabajé siendo arquitecto y luego gestor cultural. Por fortuna, elegí la fotografía como profesión y placer. Ahora lo que más quiero es ya no hacer oficios, cartas y procesos constructivos eternos. La fotografía me dio la inmediatez de la satisfacción. Y más ahora, yo soy de la época del rollo, del cuarto oscuro, de revelar y de los procesos mágicos y fascinantes… En este momento, quiero disfrutar la revisión de todo lo visto y de todo lo hecho. Haber trabajado más de 50 años -tuve que trabajar desde muy chico para ayudar económicamente en la casa-, me permite revisar ese pasado y eso me encanta. Hoy no tengo planes de ser, sino de estar.
Principal rasgo de tu carácter.
Me dicen que soy simpático (Risas), pero también me han dicho que soy mamón. El deseo de agradar lo tengo de parte de mi padre, él buscaba siempre a través de las palabras, las conversaciones y las actitudes, esa parte amable y alegre. Eso ha sido una constante en mi vida. Y a mí se me quedó, se me hizo praxis. Trato de ser agradable y dejar eso en los demás.
¿En qué punto convergen la fotografía y la vida?
Todo el proceso educativo de aprender a ver es muy placentero. Al mismo tiempo que vas aprendiendo la técnica fotográfica, vas aprendiendo a ver la luz, a aceptar que hay que esperar porque hoy se nubló, a desarrollar la paciencia... Me tocó la época donde tenías un rollo y 36 posibilidades. A mí la foto me ha llevado de la mano por la vida. ¡Agradezco tanto cuando me dieron la primera oportunidad de trabajo para retratar una maqueta en un taller de fotografía! Yo trabajaba haciendo planos con lápiz, tinta china y albanene, entonces puse la lámpara de mi restirador orientada a la maqueta de la misma manera que salía el sol. Eso les encantó. He sido un afortunado y la foto me ha llevado a mis mejores lugares, a mis mejores amores y a mi mejor presencia ante la vida. Ya no puedo dejar de componer. Incluso ahora, platicando contigo, estoy haciendo una composición de este momento, del fondo, de la luz… Se te hace un vicio bonito. La vida me ha llevado a la foto y la foto me ha llevado a la vida.
¿Qué importancia tienen para ti las palabras y el silencio?
Híjole, las dos cosas se equilibran muchísimo. Eso va cambiando con la edad, ahora valoro muchísimo más el silencio. Me cambié a una nueva casa y disfruto el silencio. Antes vivía en una casa pegada a la calle y ¡no hay un solo colectivo en Morelia que no le cambie el tubo de escape o el claxon para que suene más fuerte! De repente, parece que te acostumbras al ruido. Pero hoy, para mí, el silencio es una verdadera maravilla. Y las palabras, también ahora cobran una mayor importancia, ya sea en lo que dices o en lo que escuchas. En realidad, haces un filtro con las palabras y con la presencia de la voz, con la presencia de determinadas personas que quieres escuchar. En algunos casos, oyes la voz de alguien y te llena de otra manera. Será que te vuelves selectivo con qué quieres escuchar y con quién habla tan bonito que quieres seguirlo escuchando.
¿Crees que el arte tiene un componente político, además de estético?
Creo que es inevitable el componente político en el arte y hay muchas maneras de abordarlo. Estudié tres meses en Inglaterra donde cursé un taller sobre la fotografía como herramienta de cambio social. Eran los tiempos de Pinochet y Varela, y hubo un boom latinoamericano fotográfico donde se buscaba un compromiso con las imágenes y lo que estaba sucediendo a tu alrededor. No se buscaba el arte ni la belleza y, claro, hubo quien se apropió de aquello. Siendo un buen fotógrafo, puedes encontrar arte hasta en la guerra, pero es terrible. Uno quería escribir lo que estaba pasando. El caso de Salgado y sus fotografías a los mineros, te constata en qué condiciones trabajan algunos hombres. Ahora se fotografían migrantes, centros de acopio, personas que cruzan la frontera y personas a las que regresan, ese tipo de imágenes tienen una tremenda carga política. Hay quien logra incluso darle belleza a ese tipo de imágenes. Un ejemplo es el World Press Photo, sales siempre con el estómago hecho pedazos de ver sus fotos.
Si te pudieras sentar a platicar con algún personaje histórico, ¿con quién sería y de qué platicarían?
Con mi padre. No me dio tiempo de disfrutarlo tanto como hubiera querido. También con mi amigo Jesús Palafox, un cuate que me echó la mano siempre sin cuestionar nada. Con ellos dos sería maravilloso volver a platicar.
¿Qué cualidad admiras en las personas? ¿Y qué detestas de la gente?
Admiro la franqueza, admiro la belleza del alma. Admiro el no sentirse más que los demás, el no ser fanfarrón. Y detesto la arrogancia, la corrupción, la mentira y el cinismo. Eso me decepciona profundamente.
¿Qué harías si fueras millonario?
Bosques. Beneficiar a las comunidades con lo necesario realmente y me refiero a generar algo de largo plazo que beneficiara incluso a otras generaciones.
¿De qué te sientes orgulloso?
De mis hijos, principalmente. De mi familia. También de mí, me gusta a dónde me he llevado, con quién me he encontrado y con quién quiero estar.
¿Qué superpoder te gustaría tener?
Me gustaría tener la posibilidad de volar. ¡Poder aterrizar donde se me diera la gana!
Primera palabra que llegue a tu mente después de la mía:
Mujer: Híjole…
Hombre: Padre
Arte: Verdad
Presente: Satisfacción
Amor: Carmen
Tres cosas que te llevarías a una isla desierta.
Una mujer. Lo necesario para hacer imágenes y poder verlas. Y buena comida.
¿Qué es para ti la Cultura, Vicente?
Es una pregunta que me he hecho muchas veces. Para mí, la Cultura es el aceptar el proceso de crecimiento de las personas y las sociedades. Aceptar procesos de vida no superficiales, sino procesos que te arraiguen a las generaciones y que las generaciones futuras puedan regresar a tomar de ahí el siguiente proceso. Que no se pierda esa liga, para mí eso es Cultura.
Rita Gironès, escritora, docente y artista escénica. Catalana y mexicana. Lleva 20 años residiendo en Michoacán trabajando activamente por la cultura. Apasionada de las Humanidades, obtiene el Premio Nacional de Dramaturgia en México, 2022.
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