Morelia, Michoacán/Adolfo García/ACG
En el marco de la 24.ª edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), este domingo se realiza la Alfombra Roja de Killing Castro, una oportunidad para conocer más de cerca a los protagonistas de esta producción que recupera un episodio significativo de la Guerra Fría.
Dirigida por Eif Rivera, la película aborda la visita de Fidel Castro a Nueva York en 1960 y su encuentro con Malcolm X en el Hotel Theresa, en Harlem. A partir de este acontecimiento, construye un thriller político donde las conspiraciones, la vigilancia y las tensiones entre Cuba y Estados Unidos marcan el desarrollo de la historia.
Con Diego Boneta en el papel de Castro y Al Pacino en un entorno vinculado a las operaciones de inteligencia, la producción reúne personajes y circunstancias que ofrecen posibilidades para explorar un periodo de profundas transformaciones políticas y sociales.
Uno de sus principales aciertos es recuperar un encuentro que permite relacionar la Revolución cubana con las luchas por los derechos de la población afroamericana en Estados Unidos. Sin embargo, la narración se inclina hacia los mecanismos del suspenso y las intrigas, dejando menos espacio para profundizar en las implicaciones de ese contexto histórico.
Las actuaciones contribuyen a sostener el interés, aunque el desarrollo de algunas líneas narrativas y la construcción de los personajes resultan irregulares. La película encuentra momentos atractivos, pero no siempre logra mantener el equilibrio entre la tensión dramática y la dimensión política de los acontecimientos.
Killing Castro propone así una mirada cinematográfica a un episodio complejo, en la que el entretenimiento y la historia conviven con resultados desiguales. Su interés radica tanto en lo que muestra como en las posibilidades que deja abiertas para reflexionar sobre el poder, la ideología y las tensiones que marcaron aquella época.
La invitación es a verla y formar una opinión propia. Más allá de las valoraciones de la crítica, cada espectador puede encontrar otros matices en sus personajes, cuestionar sus decisiones narrativas o descubrir aspectos que merecen una discusión más amplia.
Porque el cine no termina cuando aparecen los créditos: también comienza en las preguntas, las interpretaciones y el diálogo que una película despierta en quien la mira.