Odisea política

Desde hace varios años he tenido la oportunidad de poder formar parte de diversos espacios y grupos especializados en materia de juventud, desde la elaboración del estado del arte, por allá de finales de los 90’s al que convocó la federación en ese entonces, hasta la defensa de los derechos humanos sexuales y reproductivos en diversos colegios y grupos adulto-céntricos para la toma de decisiones sobre la vida que “deben” llevar las jóvenas y los jóvenes tanto en el país como en Michoacán.

Y la pregunta constante de casi todos los grupos y los ámbitos es ¿qué quieren las y los jóvenes? Lo que ha provocado diversas opiniones y aportaciones, algunas tendientes a buscar establecer mecanismos dinámicos y organizativos que faciliten un cause no institucionalizado pero sí articulado con la atención directa a sus demandas y necesidades sin romper la organización y que coloque en el imaginario social la comprensión y el arropamiento entre distintos sectores de la población como una demanda justa.

Sin embargo, persisten las prácticas lesivas que capitalizan a diversos movimientos juveniles cuyas demandas, en este caso estudiantiles, son limitadas a la dotación de apoyos efímeros y circunstanciales, consistentes en acallar y manipular las narrativas, que en el fondo buscar desarticular y profundizar en la división y descalificación hacia las juventudes dando cabida al ejercicio de las violencias institucionales asociadas al orden que el Estado se ha dado autorización históricamente para imponer una forma de gobernanza y que sigue siendo característica de gobiernos antidemocráticos, tendientes al punitivismo y a la cancelación de los derechos humanos en especial hacia las mujeres y los grupos considerados vulnerables como los ahora neofascistas.

Ante estas prácticas que pueden incidir y determinar los diversos contextos que enfrentan las juventudes, sigue sin escucharse y entenderse ¿qué quieren las y los jóvenes?, aunado al ¿cómo atender a las juventudes y sus demandas?

Una de ellas ha sido la educación, demanda primordial, que ha articulado diversos movimientos y transformaciones en el mundo a tal grado que en Michoacán contamos con un Plan cuyo eje vertebrador es el derecho a la educación para la pacificación y que bien supo liderar Gaby Molina exsecretaria de educación. Y con ello, los apoyos necesarios para atenuar las causas asociadas a la violencia y la pobreza que han dañado a las juventudes.

Pero qué hay de lo que en concreto el día a día les requiere, que no es solo acceso gratuito a internet, pero ¿qué hay de la alimentación?, ya que en diversos espacios educativos sólo hay acceso a servicios concesionados a particulares con costos incluso más altos que los de las tienditas que se colocan alrededor de los mismos sin que se facilite e incentive la organización cooperativa como en la UNAM, particularmente en la facultad de filosofía y letras donde hay un expendio de café cooperativista al que puedes acceder a uno gratuito y por cooperación, ya no se diga de las universidades privadas que concesionaron estos espacios a empresas privadas y extranjeras de comida muchas veces chatarra.

Los servicios de transporte que deberían ser gratuitos para toda la población estudiantil, sin objeción alguna, aunque el servicio sea concesionado y pésimo en general. Todos los servicios de salud integrales y preventivos incluyendo el sexual y reproductivo, así como los de atención a la salud emocional que deben ser profesionales, gratuitos y de trato digno, además del acceso a los métodos anticonceptivos y profilácticos en caso de agresión sexual y de prácticas de riesgo como las adicciones, sin prejuicio y burocracia alguna.

Y qué pensar del derecho a la diversión y el ocio, al espacio público, además de institucionalizar para quienes ya trabajan tengan acceso a una vivienda digna, que desde un marco más amplio estaríamos redefiniendo el -concepto de seguridad- que aún se sigue utilizando bajo definiciones que el neoliberalismo instauró bajo enfoques punitivistas y desde el conflicto, cuando en realidad sus demandas no han sido atendidas, mucho menos comprendidas bajo estos esquemas distantes e individualistas.

Tal vez en cada proceso electoral estas voces juveniles sean escuchadas y legitimadas, por lo que esperamos que así lo sea para quienes pretenden llegar a la gubernatura de Michoacán este 2027 y no ver renovada y maquillada la visión ideológica que sostuvieron los gobiernos federales del periodo neoliberal tan castrantes y violentos hacia las juventudes.