Un estudio internacional publicado en Nature revela que el desarrollo de la abeja reina no depende solo de la jalea real, sino de un microambiente único en su celda.

Durante décadas se pensaba que el desarrollo de la abeja reina de una colmena dependía solo de la jalea real (el alimento), pero una investigación ha descubierto que las celdas del nido donde se alojan las larvas tienen un microambiente único que garantiza la salud de la futura soberana.

Liderado por la Academia de Ciencias Agrícolas de Beijung (China), el estudio internacional explica que a diferencia de las celdas hexagonales comunes, los compartimentos reales -que tienen forma de cacahuete- tienen una composición de cera distinta, más maleable y con un punto de fusión superior.

El estudio, publicado este miércoles en Nature, explica además que las encargadas de fabricar estas celdas son un grupo de abejas obreras jóvenes (desconocidas hasta ahora) y bautizadas como "constructoras de celdas reales", que son más jóvenes y están especial y genéticamente adaptadas para la tarea.

Tras llevar a cabo una serie de experimentos para analizar la composición de la cera de las celdas reales, los autores descubrieron que estos nidos o cunas reales son claves para crear reinas, ya que, las larvas criadas con este material especial muestran una mayor tasa de supervivencia y más peso al nacer.

"La vieja idea era relativamente simple: toma un huevo, muévelo a una celda real, aliméntalo con jalea real y tendrás una reina", apunta Boris Baer, entomólogo en la Universidad de California y coautor del trabajo, pero "lo que descubrimos es que hay toda una maquinaria detrás de este proceso. Es mucho más sofisticado de lo que imaginábamos".

La cuna real

Las abejas reinas y obreras comienzan la vida de la misma manera: como huevos casi idénticos pero las reinas crecen más, maduran más rápido y viven mucho más tiempo que las obreras. Además, son las encargadas de poner los huevos y las responsables de producir la siguiente generación de abejas.

Sin embargo, los científicos seguían sin tener claro qué factores influyen en el desarrollo de una reina.

Para hacer el estudio, el equipo llevó a cabo una serie de experimentos para analizar la composición de la cera de las celdas reales.

Utilizando imágenes térmicas, seguimiento del comportamiento, ciencia de materiales y pruebas químicas, descubrieron que las celdas reales difieren notablemente de las familiares cámaras hexagonales utilizadas para criar a las abejas obreras.

Las celdas 'reales' tienen propiedades físicas y químicas distintas y están hechas con una cera que las hace menos densas, más flexibles y que mantienen mejor el calor y la humedad, lo que favorece el crecimiento de las larvas en desarrollo.

La cera también difiere en sus ácidos grasos y señales químicas, creando lo que los investigadores describen como un entorno de desarrollo especializado.

Para probar la influencia de este entorno, criaron larvas de reina en 172 celdas tapadas con cera de reina o con cera de obrera durante 7 días.

Descubrieron que las reinas que se desarrollaban en celdas de cera de obrera tenían tasas de mortalidad más altas y eran de menor tamaño, lo que sugiere que el entorno bioquímico particular de las celdas reales era crucial para el desarrollo de las larvas.

Los autores también identificaron un tipo único de abeja obrera, denominada "constructoras de celdas reales", con adaptaciones fisiológicas especializadas: son más jóvenes que otras obreras de la colmena, mantienen temperaturas corporales elevadas y una fisiología alterada mientras atienden a las futuras reinas.

El calor adicional parece acelerar el desarrollo: las abejas reinas maduran en unos 16 días, en comparación con los aproximadamente 21 días de las abejas obreras, una ventaja cuando una colonia necesita urgentemente una nueva gobernante.

El equipo observó que estas obreras modifican, enriquecen y diluyen activamente la cera de las celdas reales durante la construcción, y activan diferentes procesos biológicos vinculados a la producción de cera, cambiando esencialmente el funcionamiento de sus cuerpos mientras atienden a las futuras reinas.

Un sistema biológico integrado

Tal y como explica Baer, el proceso se parece más a una corte real que a una simple guardería de insectos porque las abejas ejecutan un esfuerzo estrechamente coordinado y dedicado a producir a la próxima gobernante de la colonia.

"Se puede pensar en ello como algo parecido al Palacio de Buckingham", dijo. "Hay un grupo dedicado de abejas centrado por completo en criar a la reina, y si no lo hacen bien, la colonia no puede reproducirse".

El estudio encontró el mismo patrón tanto en las especies de abejas melíferas asiáticas como en las europeas, lo que sugiere que la estrategia puede estar profundamente arraigada en la evolución de las abejas.

"Este trabajo destaca cuánta sofisticación existe dentro de las sociedades de insectos", subraya Baer y muestra que las colonias de abejas no son solo "colecciones de individuos, sino que funcionan como sistemas biológicos integrados capaces de diseñar sus propios entornos".