Explora la exposición ‘Roberto Montenegro: Fuera de norma’ en el Palacio de Bellas Artes. Más de 90 piezas que revelan su disidencia, arte popular y vanguardia.
José Roberto Morales Ochoa
En el Palacio de Bellas Artes se exhibe una nueva mirada sobre el jalisciense Roberto Montenegro. La muestra reúne más de 90 piezas —entre obra mural, pintura, gráfica, dibujos y obras de arte popular— que revelan su fascinación por lo popular, su defensa de la igualdad entre las artes y los códigos visuales de las vanguardias de su época.
Mi primer acercamiento con Roberto Montenegro se dio en el marco de la exposición “Tesauro. Seis términos de la pintura del siglo XX en México” que durante el 2022 reunía a más de 80 obras de arte moderno mexicano de la colección BBVA en el Centro Cultural Clavijero (CCC), gracias al auspicio de Fomento Cultural de la Fundación BBVA México. Dicho proyecto estuvo bajo la curaduría de Daniel Garza Usabiaga. Aquella gran exposición recorrió ocho sedes entre 2022 y 2025: Aguascalientes, Michoacán, Baja California, Chihuahua, Morelos, Jalisco, Puebla y Tlaxcala.
En esta emblemática exposición conocí y tuve el privilegio de montar bajo la dirección de David Pérez Aznar, un díptico de Roberto Montenegro: Sin título (Comercio y transporte), 1950, óleo sobre madera, 283 x 150 cm.; y Sin título (Trabajo y ahorro), 1950, óleo sobre madera, 283 x 143 cm. Dicha pieza imponía y cautivaba en el remate del ala sur de la sala 1 del CCC, donde en un muro móvil de grandes dimensiones se postraba tan monumental formato. Recuerdo que fue un suceso personal formidable, desde el proceso de desempacar aquella gran obra, pero que con todos aquellos elementos visuales reflejaban una maestría que se quedaría en mi memoria.
Hoy después de cuatro años, desde aquel célebre descubrimiento personal, he tenido un reencuentro con la obra del gran Roberto Montenegro en el Palacio Bellas Artes de la ciudad de México a través de la exposición titulada “UNA NUEVA LECTURA SOBRE MURALISMO, DISIDENCIA Y MODERNIDAD EN BELLAS ARTES” también bajo curaduría de Daniel Garza Usabiaga. Para mi sorpresa, he podido reencontrarme con estas dos piezas artísticas, además de la gran pieza central que forma el tríptico de esta obra. Dicho en declaraciones de Garza Usabiaga a otros medios, este políptico no se había expuesto de esta forma hace décadas.
¿Quién fue Roberto Montenegro?
Hablar de un artista como lo fue Roberto Montenegro Nervo (Guadalajara, Jalisco, 1881-Morelia, Mich.,1968), es adentrarse en un universo amplio y diverso en el arte del siglo XX, es un artista que nace en el siglo XIX con el esplendor del arte moderno y en medio de la efervescencia del siglo XX; atento a todos los movimientos culturales de su época, es un artista que fue diverso en su exploración y mucho más trascendental en su maestría disidente. El artista jalisciense también incursionó en la escenografía, en la museografía y en la historia de las políticas públicas del país al ser impulsor y director del Museo de Artes Populares fundado en 1934.
A través del cedulario de la exposición, se destaca a Montenegro como un pilar del muralismo mexicano, pionero modernista quien fuere formado en la Academia de San Carlos, consolidado en las vanguardias europeas. Es un artista vinculado al movimiento nacionalista, empero tomando distancia de los habituales realismos sociales y de los discursos oficiales de su época.
A lo largo de más de cinco décadas de experimentación en pintura, dibujo y muralismo, es un artista que integró de manera equitativa las artes populares y de los pueblos originarios con las bellas artes, al tiempo que desafió la censura y los cánones tradicionales del cuerpo. A través de influencias del simbolismo, el art déco y el erotismo, así como del empleo de códigos visuales vinculados a la cultura homosexual y representaciones pacifistas o antifascistas. Montenegro es un artista vigente, que construyó una modernidad mexicana diversa, humanista y esencialmente única fuera de la norma.
Una nueva lectura sobre muralismo, disidencia y modernidad en Bellas Artes
Daniel Garza Usabiaga como ya se dijo, es el responsable de llevar este proyecto a lo largo de cuatro salas (Siqueiros, Camarena, Orozco y Tamayo) del Museo del Palacio de Bellas Artes. Fue inaugurada al público el 27 de mayo y es una exposición que reúne obras tempranas de un periodo comprendido entre 1922 y 1934. La muestra está dividida en nueve núcleos temáticos (introducción, ambigüedad, árbol de la vida, La Fiesta de la Santa Cruz, Retrato, Reconstrucción, Humanismo, Alegoría del Viento y Autoreflexión) reúne más de 90 piezas, en su mayoría de la autoría de Montenegro, entre retratos, fragmentos de murales (strappos), obras de arte popular que formaron parte de su colección, litografías, dibujos en grafito y carboncillo, impresiones, gouache, tinta china y acuarela.
La exposición destaca la disidencia en Roberto Montenegro: mientras la historia del arte mexicano suele encasillarlo entre los grandes nombres del muralismo oficial, se destaca su papel como ser el primer artista comisionado por José Vasconcelos; la realidad sus piezas dejan entrever otras líneas de producción artística, mucho más inquieta, de muchos recursos y a la vez personal. Esta exposición devela al artista fuera del molde estrictamente nacionalista en el que tantas veces se le ha metido y el curador le destaca como un autor receptivo a los movimientos de la época: simbolismo, surrealismo, el art déco.
El recorrido cubre más de cinco décadas de trabajo y se muestra diverso en disciplinas. Se pasa del muro monumental al papel, del dibujo íntimo a la pintura, siguiendo un hilo que va cambiando de tono conforme avanzan las salas. Al principio se muestra a un artista que domina la escala grande, casi arquitectónica, del mural clásico. Después aparece un Montenegro distinto, más humanista, que se asoma en imágenes con carga antifascista y pacifista en estéticas surrealistas y expresivas. Y hacia el final, la muestra deja claro algo que pocas veces se dice con tanta claridad: este artista ayudó a imaginar una modernidad mexicana que no respondía a un solo discurso oficial, sino a muchos, y que bebía tanto del modernismo como de la simbología y la arquitectura de su tiempo.
Algo que toma mucha relevancia del recorrido tiene que ver con otra faceta suya: su fascinación por el arte popular y por quienes pintaban o esculpían sin haber pisado una academia. Montenegro no solo admiraba esas expresiones desde lejos; se dedicó a coleccionarlas y a ayudar a que otros las coleccionaran también, convencido de que merecían el mismo respeto que la llamada "alta cultura". No es casualidad que esas mismas formas populares terminen colándose, transformadas, en murales suyos como “El árbol de la vida” (1922), considerado el primer mural comisionado del movimiento muralista posrevolucionario mexicano; o “Reconstrucción”, pintado entre 1931 y 1933.
De este último, precisamente, se exhiben tres fragmentos rescatados que, gracias a la técnica del strappo (técnica de restauración y de extracción de un mural) realizada por los profesionistas del Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (CENCROPAM), pueden verse hoy de manera independiente, algo que hasta ahora no había sido posible. Junto a ellos aparece Bar Papillón (La vida del Arlequín), parte de la serie Vida, pasión y muerte del arlequín, un mural que se cree fue censurado en su momento por lo crudo de las escenas cotidianas que retrataba.
La pieza que cierra el recorrido con una serie de retratos y autorretratos formidables, sin embargo roba de inmediato la atención el tríptico ya mencionado arriba: La industria, el comercio y el trabajo, tiene una historia particularmente interesante. Fue encargada originalmente por el Banco de Comercio, pero bajo su fachada institucional esconde algo más: una reflexión sobre la masculinidad y sobre los límites que la sociedad impone al cuerpo. Ahí, entre símbolos nacionalistas y oficialistas, Montenegro – se presume – deslizó sutiles códigos visuales asociados a la cultura homosexual.
Al final del recorrido queda claro que esta no es solo una exposición sobre un muralista más. Es una exposición que reivindica a un artista vanguardista poseedor de una firma auténtica, potente e indiscutible y que además resalta su vocación por mostrar la producción artesanal. En este ánimo de explorar este universo de la maestría de los artesanos se sabe que vivió los últimos años de su vida en Pátzcuaro, Michoacán, Su fallecimiento estuvo marcado en el año sesenta y ocho en nuestra capital michoacana.
Hoy este reportaje sirva para extender una sincera recomendación a nuestros lectores en aprovechar esta exposición, misma que por su complejidad de gestión es un gran logro, se muestran 24 colecciones en total. Esta cuidada selección de acervos está distribuida estratégicamente entre 12 colecciones públicas y 12 colecciones particulares.
“Roberto Montenegro. Muralismo fuera de la norma” permanece abierta al público en el Museo del Palacio de Bellas Artes hasta el 6 de septiembre de 2026. Recuerda que los domingos son de entrada libre para público nacional y extranjero.
José Roberto Morales Ochoa, agente cultural, con especialidad en museografía, museos y centros culturales.
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