Morelia, Michoacán/Galería: ACG.

Entre palmas y oraciones, elevados con devoción y alegría, arrancó la Semana Santa católica, con la conmemoración del Domingo de Ramos.

En una Catedral abarrotada por los fieles y los visitantes, dió inicio la celebración del reconocimiento de Jesús como el Rey de Jerusalén, conforme lo indica la doctrina, preludio de la pasión, la muerte y la resurrección de Cristo.

Desde el altar mayor, el arzobispo de Morelia, José Armando Álvarez Cano, encabezó el ceremonial, consistente en una misa, la recreación de la procesión de las palmas, para abrir paso en Jerusalén al Hijo de Dios, y la bendición de los ramos, con que los devotos esperan llevar una chispa de la divinidad a sus hogares.

El llamado del arzobispo de Morelia fue a evaluar el propio proceder, como persona y como católico, para determinar cuál de los personajes de la Semana Santa se ha constituido como su modelo a seguir.

“¿Soy de los que niegan a Cristo? ¿Soy de los indiferentes, de los que un día vitorean al Hijo de David y otro, exigen su crucifixión? ¿Soy como María, fiel siempre?”, expuso.

Dentro, la fé se impuso, y los preparativos para conmemorar la Semana Santa. Afuera, Decenas de artesanos de la palma aguardan a sus clientes para ofrecerles pequeños ramitos o intrincados tejidos.

Afuera, la algarabía de una ciudad que no se detiene y se niega a abandonar sus tradiciones.