Pátzcuaro, Michoacán
Bienvenidos a Tzurumútaro, anuncia un guía de turistas a su grupo, saludo que pareciera extendido a todos los recién llegados a las puertas del panteón comunitario, sea en carne y huesos, sea en esencia.
Desde las tumbas extendidas en el suelo del camposanto se elevan las luces de miles de velas y veladoras, encendidas entre pétalos de cempasúchil y frutas, cocas, cervezas, cruces y fotografías de los seres queridos que regresan, ‘por un ratico, por un momentico’, a sus hogares.
Entre ellos, se encuentra el sitio de descanso de Macedonio Domínguez Alejandre, quien por 10 años ha sido acompañado tanto en el camposantos como en el hogar por su esposa, Virginia Morales Barajas.
Un altar en casa le recibió el pasado sábado y el domingo y lunes su familia le acompaña en el panteón.
Fruta, semillas de calabaza, chayotes, son parte de los elementos de la ofrenda con que Virginia Morales y su familia obsequian a Macedonio Domínguez en su visita.
En el panteón comunitario, el sincretismo se deja ver en el ceremonial purépecha de honor a los muertos, entre cruces y rezos, pero también entre diablitos y brujas que gritan y corren pidiendo su calaverita.
Adultos, jóvenes, mayores, niños y bebés se congregan en torno del último sitio de descanso de sus familiares para velar su regreso, a veces entre oraciones, a veces en silencio, a veces entre lágrimas de dolor, a veces con la calma nostálgica de quien acude a una cita largamente esperada.
Los visitantes se agolpan a las puertas del camposanto, y avanzan sobre los caminos entre las tumbas, con curiosidad. No están exentos de incidentes, como aquella pareja abandonada por su grupo de viaje, luego de haberse perdido y no estar a la hora y en el lugar convenidos para su retorno.
Afuera, el tráfico es complejo, las filas de personas se suceden una tras otra y los vendedores ofrecen desde hamburguesas hasta mezcal, pa entrar en calor.
Es la fiesta grande de la entidad, esa donde vivos y muertos se reúnen para celebrar, ‘por un ratico, un momentico’.