El índice de morosidad en México subió a 2.22% debido a la inflación y tasas de interés de 6.5%. Tarjetas de crédito muestran la mayor presión.
La morosidad bancaria en el país registró un incremento en el último año, impulsada por un entorno de inflación persistente, tasas de interés elevadas y una desaceleración en el valor real de las remesas. Estos factores han comenzado a presionar de manera directa el ingreso disponible de los hogares mexicanos.
El crédito como "puente frágil"
“El deterioro financiero no comienza cuando alguien deja de pagar; comienza mucho antes, cuando el ingreso pierde fuerza y el crédito deja de ser una herramienta para convertirse en un puente cada vez más frágil”, advirtió el economista Manuel Herrejón Suárez en entrevista para EFE.
De acuerdo con datos de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), el índice de morosidad pasó de 2.03% a 2.22% en los últimos 12 meses. Aunque el avance es moderado, refleja un incumplimiento gradual en sectores críticos como tarjetas de crédito, financiamiento personal y préstamos destinados al gasto cotidiano.
Inflación y remesas: la doble presión
El contexto económico actual dificulta la recuperación del poder adquisitivo. Al cierre de abril, la inflación general se ubicó en 4.45%, afectando el costo de bienes esenciales como alimentos y transporte.
A esto se suma el debilitamiento de las remesas como amortiguador financiero. Si bien los flujos siguen siendo altos, la inflación y la apreciación del peso han reducido su capacidad real de consumo. “Primero se paga lo indispensable y el crédito comienza a competir por ese espacio”, señaló Herrejón.
Estabilidad bancaria frente a la tasa de interés
A pesar del repunte en la morosidad, el especialista aclaró que esto no representa una crisis bancaria, ya que la banca mexicana cuenta con niveles de capitalización y reservas superiores a los registrados en las crisis de 1994 o 2008.
Por otro lado, el costo del dinero se mantendrá elevado, luego de que Banco de México (Banxico) definiera que la tasa de referencia permanecerá en 6.5% durante el resto del año. Esta medida encarece el financiamiento revolvente y los préstamos personales, convirtiendo a la morosidad en el termómetro principal de la economía doméstica para los próximos meses.