La historia del carnaval brasileño está marcada por una estrecha relación con el poder político: además de presidentes homenajeados, otros han sido caricaturizados, ironizados o abucheados en el sambódromo

Río de Janeiro, 15 feb (EFE).- Luiz Inácio Lula da Silva, cuya vida fue cantada este domingo por Académicos de Niteroi en uno de los desfiles de las escuelas de samba del Carnaval de Río de Janeiro, no es el primer presidente brasileño homenajeado en el sambódromo, pero sí el primero en recibir esta distinción aún en vida y en el ejercicio del cargo.

La historia del líder progresista y exdirigente sindical, desde su nacimiento en la empobrecida región nordeste de Brasil hasta su elección como presidente, fue relatada por la escuela de samba en un desfile que desde antes de salir al sambódromo ya generaba polémica debido a que se produjo a solo siete meses de las elecciones en las que intentará la reelección.

Pese a que la oposición no consiguió que la Justicia prohibiera el desfile, que calificó como propaganda electoral anticipada de una agrupación que recibe recursos públicos, el Tribunal Electoral alertó que puede dar origen a una investigación.

Dos presidentes muertos homenajeados

La historia del carnaval brasileño está marcada por una estrecha relación con el poder político: además de presidentes homenajeados, otros han sido caricaturizados, ironizados o abucheados en el sambódromo.

Otros dos presidentes han sido homenajeados en desfiles de las escuelas de samba, pero cuando ya estaban muertos y ya eran considerados dos de las mayores figuras políticas de Brasil.

En 1956, dos años después de suicidarse en el palacio presidencial, Getulio Vargas (1930-1945 y 1951-1954) fue protagonista de un desfile en que Mangueira, la escuela de samba más popular de Brasil, lo retrató como un líder popular vinculado a grandes conquistas laborales y sociales.

El otro expresidente homenajeado fue Juscelino Kubitschek (1956-1961). En 1981, nuevamente Mangueira dedicó su desfile al fundador de Brasilia y a su proyecto desarrollista, sintetizado en el lema "50 años en 5". El tributo evocó el optimismo de su Gobierno y la construcción de la nueva capital como símbolo de modernidad.

Sátiras y escándalos

Pero el sambódromo no solo ha sido escenario de exaltaciones para los presidentes. En 1994, Itamar Franco acaparó titulares al asistir a un desfile acompañado por una modelo que, sentada con una minifalda, dejó ver que no usaba ropa interior, una imagen que generó un escándalo y eclipsó la agenda política del momento.

La sátira en el sambódromo alcanzó uno de sus puntos más notorios en 2018, cuando la escuela Paraíso do Tuiuti presentó una carroza que representaba al entonces presidente Michel Temer como un "vampiro neoliberal", en un desfile con crítica a sus reformas económicas.

Durante el mandato de Jair Bolsonaro, varias escuelas ironizaron sobre la polarización y la gestión gubernamental con referencias indirectas en letras y carrozas, reforzando el papel del carnaval como espacio de contestación simbólica.

En 2020, con Bolsonaro ya en la Presidencia, Académicos de Vigário exhibió en su desfile en el sambódromo un muñeco gigante representando un payaso, pero que utilizaba una franja presidencial y que reproducía con sus dedos la figura de una pistola, un gesto característico del líder ultraderechista.

Ese mismo año, en el desfile de la escuela São Clemente, el conocido humorista Marcelo Adnet hizo una parodia de Bolsonaro en la cima de una carroza en que eran exhibidos 'fake news' que se popularizaron durante su presidencia, como "la tierra es plana" y "la culpa (de la devastación de la Amazonía) es de Leonardo de Caprio".

Y en el desfile de este año dedicado a Lula no faltaron referencias negativas a su principal rival político, ya que la letra del samba de Académicos de Niteroi criticó expresamente la posibilidad de que los condenados por golpismo sean beneficiados con una amnistía.