Aunque reconoció el avance que representa la Ley Olimpia en el país, Cato señaló que el principal desafío está en la aplicación efectiva de la norma y en la manera en que las instituciones responden ante las denuncias

México. La violencia digital se ha convertido en una de las formas más persistentes de agresión contra las mujeres en México, un fenómeno que ha ganado visibilidad en los últimos años a partir de la aprobación de la Ley Olimpia.

Para la directora de cine documental Indira Cato, el problema va mucho más allá de las imágenes compartidas sin consentimiento: también revela la manera en que la sociedad se relaciona dentro del espacio digital.

Durante la realización de de "Llamarse Olimpia", documental que retrata la historia de la activista Olimpia Coral Melo Cruz, Cato explicó que uno de los descubrimientos más duros del proceso fue entender que ninguna mujer está completamente fuera de riesgo dentro del entorno digital.

“Todas somos potenciales víctimas”, afirmó.

La realizadora señaló que antes del documental persistía una idea equivocada de que la violencia digital sólo afecta a quienes comparten contenido íntimo de manera voluntaria, una narrativa que además responsabiliza a las propias víctimas.

Una amenaza que rebasa la intimidad

Para Cato, una de las partes más alarmantes es comprender que la violencia digital puede ocurrir incluso sin que una persona haya generado material íntimo por decisión propia.

En entrevista exclusiva para La Voz de Michoacán, recordó que muchas mujeres pueden ser vulneradas a través de archivos almacenados en sus dispositivos, por la intervención de terceros o incluso mediante grabaciones clandestinas en espacios cotidianos.

“No puede ser que no podamos ir a un baño sin tener que estar pensando si alguien está grabando”, expresó.

La directora subrayó que el problema no debe entenderse únicamente como una agresión tecnológica, sino como una manifestación más de la violencia estructural que enfrentan las mujeres dentro y fuera de internet.

Desde su perspectiva, el entorno digital ha amplificado una problemática que ya existía en otros espacios, pero que ahora tiene una velocidad de propagación mucho mayor y consecuencias más difíciles de detener.

Indira Cato también advirtió que a evolución tecnológica ha abierto una nueva etapa en la violencia digital, especialmente con el uso de herramientas de inteligencia artificial capaces de alterar imágenes sin autorización. Aunque durante el rodaje del documental este fenómeno apenas comenzaba, reconoció que hoy representa una preocupación creciente.

La cineasta consideró que estas nuevas herramientas vuelven más urgente la discusión pública sobre la protección digital de las mujeres, ya que los riesgos superan cada vez más lo que originalmente contemplaban las primeras reformas legales.

Más allá de la ley

Aunque reconoció el avance que representa la Ley Olimpia en el país, Cato señaló que el principal desafío está en la aplicación efectiva de la norma y en la manera en que las instituciones responden ante las denuncias.

La directora destacó el trabajo que realizan las Defensoras Digitales para acompañar casos, capacitar funcionarios y llevar información a escuelas, pero insistió en que la responsabilidad no debe recaer únicamente en activistas o víctimas. A su juicio, la sociedad también debe asumir un papel más consciente sobre el impacto de sus acciones dentro de internet.

El papel de las redes sociales

Más allá de la violencia sexual digital, Cato considera que el problema también está relacionado con la manera en que muchas personas utilizan las plataformas sociales desde el anonimato, por ello cuestionó la facilidad con la que en internet se emiten opiniones, ataques o difusiones de contenido sin enfrentar consecuencias inmediatas.

Desde su perspectiva, esa distancia emocional ha generado una cultura donde la agresión se normaliza y donde muchas veces se pierde de vista que cada publicación puede tener un efecto real sobre otras personas. Por ello, señaló que una de las reflexiones que busca provocar "Llamarse Olimpia", es la necesidad de construir una relación más responsable con el entorno digital.

Una conversación que sigue abierta

A través del documental, Indira Cato busca que la conversación sobre violencia digital no se limite al ámbito legal, sino que también alcance la dimensión social, cultural y humana del problema.

Para la directora, el mayor reto no es solamente reconocer que la violencia digital existe, sino entender que puede afectar a cualquier persona y que combatirla exige una transformación en la manera en que se habita internet.

Ashley Rodríguez / La Voz de Michoacán