Abrir la puerta no basta

Fany Santiago | Analista

En el marco del Día Internacional de la Juventud, vale la pena detenernos a pensar no solamente en los retos que enfrentan las nuevas generaciones, sino en la responsabilidad que tenemos como sociedad para construir espacios donde puedan participar, formarse y hacer valer su voz.

Hablar de juventud suele llevarnos a una frase que hemos repetido durante años: “los jóvenes son el futuro”. Pero quizá ha llegado el momento de cambiarla.

Los jóvenes no son solamente el futuro. Son el presente.

Y si realmente queremos construir un Michoacán con mayores oportunidades, más justo y con una sociedad participativa, tenemos que preguntarnos si estamos haciendo lo suficiente para que las nuevas generaciones puedan involucrarse en las decisiones que definirán su propio futuro.

Los retos son muchos. Acceder a una educación de calidad, encontrar oportunidades laborales, emprender, tener condiciones dignas para construir un proyecto de vida, acceder a espacios de participación y encontrar caminos para desarrollar sus capacidades son desafíos que miles de jóvenes enfrentan en Michoacán y en todo México.

Pero existe otro reto del que quizá hablamos menos: el reto de participar.

Porque abrir espacios para las juventudes es indispensable, pero no suficiente.

Las instituciones, los gobiernos, las organizaciones sociales y quienes hoy ocupamos espacios de decisión tenemos la responsabilidad de generar condiciones para que los jóvenes puedan involucrarse. No solamente como asistentes, como espectadores o como una fotografía que represente diversidad generacional, sino como voces capaces de aportar ideas, cuestionar, proponer y construir.

Pero también hay una responsabilidad del otro lado de la puerta.

Necesitamos una nueva generación que valore la apertura y que entienda que participar no significa solamente ocupar un espacio. Significa estar preparado para hacerlo valer.

La educación, la formación, el pensamiento crítico, la preparación profesional, el conocimiento de nuestro entorno y la capacidad de dialogar deben convertirse en herramientas fundamentales para quienes quieran participar en la vida pública.

Porque una oportunidad sin preparación puede quedarse solamente en eso: en una oportunidad.

Por eso, el verdadero desafío no es únicamente abrir las puertas. Es formar a quienes van a cruzarlas.

Necesitamos jóvenes que quieran participar, pero también que estén dispuestos a prepararse. Jóvenes que cuestionen, pero que también propongan. Que tengan convicciones, pero sepan dialogar. Que quieran transformar su entorno, pero comprendan que transformar también implica responsabilidad, disciplina y conocimiento.

Y necesitamos instituciones que entiendan que apostar por las juventudes no es una concesión. Es una inversión en el presente y en el futuro de nuestra sociedad.

En Michoacán tenemos la oportunidad de impulsar una nueva cultura de participación juvenil: acercar a las nuevas generaciones a la política, a la administración pública, a la academia, al emprendimiento, a la cultura y a las organizaciones sociales; generar espacios de formación y, sobre todo, permitir que sus ideas tengan capacidad real de incidir.

Pero también debemos entender que el relevo generacional no significa desplazar a quienes hoy participan.

Significa compartir experiencia, abrir caminos y permitir que una nueva generación aprenda, se forme y eventualmente construya su propia historia.

Abrir espacios para los jóvenes es un acto de responsabilidad; prepararse para ocuparlos es un acto de compromiso.

Quizá por eso, en este Día Internacional de la Juventud, más que preguntarnos qué estamos haciendo por los jóvenes, deberíamos preguntarnos qué estamos haciendo con ellos.

Porque un Michoacán que aspire a transformarse necesita mucho más que jóvenes presentes.

Necesita jóvenes preparados, participativos, críticos, responsables y con la convicción de que su voz puede cambiar las cosas.

La puerta tiene que estar abierta.

Pero cuando se abra, necesitamos una generación lista para cruzarla, hacer valer ese espacio y, sobre todo, dejar la puerta todavía más abierta para quienes vienen detrás.

Ese es el verdadero reto de construir el Michoacán del presente y del futuro.

No se trata solamente de darles un lugar. Se trata de formar una generación capaz de ocuparlo y transformarlo.

Fany Santiago | Analista